Queridos amigos:
Bienvenidos a esta Casa de los tarijeños para compartir con nosotros un hecho de tanta trascendencia como constituye la presentación de los tres primeros tomos de la obra: "Presencia Franciscana y Formación Intercultural en el Sudeste de Bolivia según documentos del Archivo Franciscano de Tarija 1606-1936" , obra monumental que sustenta sus bases en el Archivo Franciscano.
Como en una oportunidad expresara el Papa Juan Pablo II "la identidad cultural latinoamericana fue forjada al calor de la fe". Sobre este sustrato comœn, se construyeron las particularidades nacionales expresadas y desarrolladas de manera singular en cada una de las naciones y los pueblos de nuestro continente.
La llegada de los descubridores y conquistadores de América significó una fantástica ampliación de las fronteras de la humanidad, el mutuo hallazgo de dos mundos, la aparición de una nueva sociedad ante los ojos del hombre y el principio de una impactante historia en su proceso de interacción, con todos sus beneficios y contradicciones, sus luces y sus sombras. El encuentro de estos dos mundos, Europa y América, dio como resultado un nuevo modo de ser con sus particularidades propias: En dimensión general América Latina no es europea ni autóctona ni ninguna de las otras presencias culturales en su sentido estricto; es un poco de todas y a la vez algo nuevo. Es una síntesis viviente, inacabada, en proceso, pero totalmente real que tiene como elemento nuclear la presencia de la fe pues como señaló el Documento de Puebla la evangelización primera se encuentra en las raíces mismas del continente latinoamericano.
En el caso de nuestra identidad, la evangelización caló profundamente en la realidad social y cultural de nuestro pueblo. Y es particularmente la labor franciscana a la que debemos el origen de nuestra mesticidad y sincretismo cultural que encontró en la fe estímulo fecundo.
La historia de la conversión de nuestra América no ha sido fácil. El primer emprendimiento evangelizador marcaba la puesta en marcha de un despliegue misionero sin precedentes que, partiendo de la Península Ibérica, daría pronto una nueva configuración en el mapa eclesial. Y lo haría en un momento en que las convulsiones religiosas en Europa provocaban luchas y visiones parciales, que necesitaron de nuevas tierras para volcar en ellas la creatividad de la fe.
La evangelización de América se encontró con dificultades tan enormes como inéditas que requirieron el despliegue de una inmensa capacidad creadora en la presencia de una vasta legión de misioneros y constructores de la cultura. Llegados a estas tierras, los evangelizadores se encontraron con una concepción diversa sobre el individuo, la familia, la vida, el trabajo, la muerte, los dioses, la ética y la cultura. Se sucedió entonces un encuentro entre el viejo y el nuevo mundo en una confrontación cósmica, grandiosa y terrible a la vez, en línea de amor y de lucha, de explotación y entrega gratuita.
Y llegaron los franciscanos, dispuestos a darse y abandonar sus cuerpos al Señor, desarmados, mansos, en una actitud de pobreza y de libertad condicente con las palabras de Jesús: "no toméis nada para el camino"...La actitud de estos misioneros, que tiene raíces en el mundo espiritual de San Francisco, era mirar al indígena cara a cara como un hermano, como un prójimo a quien amar. Ellos intentaron, desde un principio, conocer y comprender las culturas indígenas, los ritos, creencias y costumbres de las civilizaciones y pueblos autóctonos, considerando que alcanzar estos conocimientos posibilitaba avanzar hacia un encuentro y diálogo intercultural.
El proceso les exigió un notable esfuerzo de creatividad que se concretó en valiosas y novedosas expresiones de cultura. Los evangelizadores se esforzaron en convivir con los indígenas, aprender su lengua y sus costumbres, conocer su historia; hubieron de inventar métodos de catequesis que no existían, crear las escuelas de la doctrina, instruir a niños catequistas para superar las barreras de las lenguas. Tuvieron que pensar catecismos ilustrados que explicaran la fe, componer gramáticas y vocabularios, libros devocionales en lengua indígena, usar los recursos de la palabra y el testimonio de las artes, danzas, música, de las representaciones teatrales y escenificaciones de la Pasión. La arquitectura se nutrió con los conventos, capillas, eremitorios y hospicios; enseñaron a cultivar y a criar ganado, etc. etc. Su obra fue fecunda en la creación de la cultura y expresó un constante y decidido compromiso en la promoción humana, especialmente en la defensa de la dignidad de los indígenas. Y en ese sentido, los franciscanos llevaron a cabo un trabajo ingente que hoy es orgullo y patrimonio del continente y forma parte del ser nacional de muchos de los países de América. De ello hay constancia en los impagables documentos que han dejado.
Las órdenes religiosas fueron las más pródigas en la provisión de libros y la producción de documentación ya que en casi todos sus conventos tuvieron archivos y bibliotecas. Estos depósitos históricos son fuente primaria e imprescindible para la historia interna de su acción pastoral en América y constituyen una fuente valiosísima para la reconstrucción de la vida histórico-cultural y social de las regiones americanas durante la época colonial y los periodos subsiguientes.
En el caso de Tarija, y de nuestro continente, los archivos franciscanos son una veta de información incalculable pues los historiadores abundaron entre los franciscanos; expertos o no, tuvieron que redactar las memorias de lo que sabían, habían vivido y oído, además de dejar reseña escrita de todos los acontecimientos de la Comunidad y de la Orden. Y uniendo el trabajo propio al de aquellos que los precedieron en esta tarea, escribieron la historia de los pueblos evangelizados por ellos. Estos documentos y su conservación, sumados a la labor de rescate de manuscritos, códices e historias orales, redacción de catecismos y libros devocionales en lenguas indígenas -algunas ya desaparecidas- constituyen una fuente de inapreciable valor etnohistórico.
Pero acercarnos a la historia no consiste solamente en relatar los acontecimientos y los hechos dignos de memoria, sino que implica buscar el verdadero sentido y significado de dichos aconteceres, leerlos en clave de profundidad para comprender el presente a la luz del pasado y proyectar el futuro desde los dinamismos del presente, sin olvidar las lecciones pretéritas, y con la prospectiva del futuro. Estoy segura que este ánimo ha llevado al padre Lorenzo Calzavarini y a sus colaboradores a emprender el monumental trabajo, una de cuyas etapas culmina hoy.
No podemos construir nuestro futuro de espaldas al pasado. Y en este sentido, la obra que hoy nos entrega el Centro Eclesial de Documentación es una mirada de fidelidad al pasado de fe y es a la vez una mirada hacia los desafíos del presente. Por ello tiene una significación que va mucho más allá del enorme interés académico que esta obra puede poseer. Es una lúcida visión para lograr una firme identidad propia, para alimentarnos en la corriente viva de nuestra historia, para comprender mejor los problemas y proyectarnos más realísticamente hacia el futuro.
Se aproxima el día de celebrar el Cuarto Centenario de la Fundación del Convento de Nuestra Señora de los Ángeles. El 4 de mayo de 1606, el pueblo tarijeño se comprometió a solventar aquella obra. Han pasado desde entonces casi cuatro siglos de una historia que ha tenido y continúa teniendo un sello que permanece sólido e invariable: el sentimiento mutuo de apropiación entre Tarija y la orden franciscana, sentimiento que está llamado a permanecer incólume también en el futuro. La convicción y la entrega con la que el padre Calzavarini y sus colaboradores han desarrollado este trabajo constituye, con toda certeza, un eslabón más en la solidez de esa alianza. El compartir este acto con todos ustedes así lo demuestra.
¡Felicidades, Lorenzo! ¡Felicidades! a ti y a todo ese equipo humano que te acompañó durante la delicada e intensa labor cuyo magnífico resultado es una nueva y trascendental contribución a Tarija, a Bolivia y a América.
Gracias por la honra que para nosotros significa que este acto se realice en nuestra Casa de la Cultura. Gracias por este nuevo regalo, hermanos franciscanos. Y gracias a todos ustedes por la paciencia de haberme escuchado.
Domingo, 28 de agosto de 2005
fotografías: Lilo Methfessel