Desde hace cuarenta años el P. Lorenzo viene estudiando el accionar de los franciscanos de Tarija: desde los escritos del P. Doroteo Giannecchini, en el archivo de los frailes en Florencia, obra que publicó 35 años después (texto del italiano traducido al castellano), hasta los documentos para el nuevo archivo conventual de Tarija, que organizó en los intermedios de las celebraciones del IV Centenario.
Sé que hacer la valoración de un trabajo sólo la puedo realizar por los resultados que conozco, pues el P. Lorenzo ha estudiado más años de los que yo tengo, y esto me lleva a ver sus resultados en cantidad y calidad de un modo articular. He sido testigo de estos últimos ocho años de su actividad científica, pasando de ser alumno tesista a conocedor del universo de sus conocimientos.
He visto que desde el escritorio, la lámpara, lápices, el singular orden de los papeles y el infaltable café, para comenzar la jornada, cómo una obra iba tomando cuerpo en el transcurrir del tiempo. Estos aspectos de vida cotidiana parecen insignificantes pero han acompañado el devenir de una obra, imprescindible para la historiografía de las realidades chaqueñas.
La vocación sacerdotal y franciscana del P. Lorenzo Calzavarini ha sido marcada por la tarea de definir la evangelización en el contexto del accionar de los frailes menores.
El Archivo manantial del saber
El convento San francisco de Tarija contiene una gran cantidad de documentos, que se expresan con toda precisión en el catálogo del P. Pedro Corvera, elaborado en el año de 1916. Éste manuscrito ha sido fundamental para la elaboración de la obra Presencia franciscana y formación intercultural en el sudeste de Bolivia . En él se encuentran las indicaciones de los manuscritos más preciados: actas de decisiones conventuales, crónicas, diccionarios lingüísticos de los pueblos originarios chaqueños, manuales de predicaciones, inventarios, crónicas de las fundaciones de pueblos en el sudeste de Bolivia, historia misionera y características del sistema reduccional franciscano. Sobre todo, en el archivo conventual de Tarija se han conservado las memorias y hazañas de estos misioneros que sin pretensiones de heroicidad han relatado su vida entre los pobladores chaqueños. El mérito científico y ético del P. Lorenzo es el rescate de esas voces silenciosas trasformándolas en voces del tiempo.
En la tradición de los documentalistas e historiadores franciscanos
La obra del P. Lorenzo Calzavarini se inscribe en la tradición de la escuela franciscana y él es un digno seguidor de esos autores cuyos escritos se conservan en el archivo y bibliotecas:
Los tomos republicanos
Un convento entre los vientos de la cruz
La documentación presentada nos muestra cómo las exigencias jurídico - eclesiales son asumidas y aplicadas con un espíritu que es digno de mencionar, pues en este camino (primeros años de la república) el convento sufre momentos de escasez de religiosos conllevando dificultades en la aplicación de las normas por falta de actores (quórum). Los documentos aclaran “que en atención a que no había suficientes religiosos que tuviesen la voz pasiva para poder hacer elección de Guardián, según prescriben nuestras Bulas Apostólicas se elige un presidente “in capite” pues la cantidad de frailes no alcanzaba al número mínimo de 8, pues tuvieron que hacer una salvedad canónica. La tristeza de los tiempos está así expresada por el P. Lorenzo: “la tormenta contra la Iglesia asoló la vida conventual” y mostrando cómo se vivió momentos de cruz.
El P. Andrés Herrero, en su visita al convento en el año de 1828, comenta: “apenas hallamos sujetos a quienes dirigir nuestra voz”. El P. Herrero (muerto en el año de 1838 en la Cuesta de Mendoza) y su sucesor el P. Matías Bretón, (a pesar que este último no gozaba de la venia de algunos obispos), organizaron la labor misionera en más Colegios de Propaganda Fide: San José de La Paz para las zonas altiplánica y los Yungas, el de Tarata para guarayos, la Recoleta de Sucre para la frontera de Chuquisaca y Tarija para el Chaco. Para este cometido el P. Herrero fue por dos veces a Europa recolectando frailes para Chile, Perú y Bolivia de las siguiente manera: frailes italianos en Tarija, españoles en Sucre y La Paz y franceses en Tarata.
El espíritu misionero se muestra en esta secuencia de documentos donde el Evangelio se abrió paso para dialogar con los pueblos porque “respondía al clamor de los cristianos abandonados y a los pobres diseminados lejos de los centros urbanos” así el carisma del pobre de Asís estaba presente en la tierras bolivianas.
Un documento que cautiva y refleja el caminar de los frailes es la relación del viaje llamado “de Burdeos a Tarija, 1877-1878”, en el cual describe los detalles del viaje de un grupo de misioneros allí se lee “nuestro espíritu superabundaba de gozo y no podía retener el desahogo; y todos, por demás enternecidos, tenían lágrimas, imposibles de ocultarse, quedaban inenarrables la conmoción y el contento de nosotros y estos nuestros hermanos y de la ciudad entera”.
Arquitectura y Estética
Desde la fundación de Tarija (año de 1606) hasta nuestros días se puede afirmar que el Convento San Francisco es el único edifico que tiene registrado el proceso de su construcción, que marca el estilo barroco popular, en su expresión litúrgica porque refleja “la vida de sus moradores”; el convento era de “celdas bajas y pequeñas; estrechos y lógobres, los corredores; todo es pobre, todo inspira una santa tristeza que reconcentra los sentidos y eleva el corazón; sin embargo nada falta a lo que puede contribuir a la religiosa comodidad de los que la habitan”. A esto se integraban la huerta, oficinas, biblioteca y enfermaría, que configuraban la ciudadela del espíritu.
La basílica es el modelo por excelencia donde se ha presentado, en todos los tomos, su proceso de consolidación como espacio sagrado, en dimensiones de santuario de los pobres, dado que en su entorno se ha desarrollado la vida de la comunidad en estos cuatro siglos.
La influencia estética se amplió a las zonas chaqueñas: en las fotos del P. Doroteo Giannecchini del 1897 tenemos un referente exacto del estilo arquitectónico concebido desde el imaginario conventual; los arcos que predominan, los altares y el sólido espacio de participación de los fieles testifican la presencia del misterio.
También en los pueblos de Tarija, Cinti y Entre Ríos se puede ver esta dimensión estética. Los padres, cuando iban a la predicación también se preocupaban de las necesidades de las comunidades; así fueron también constructores de templos en las tierras más cercanas a la ciudad extendiendo las similitudes con la arquitectura conventual. Me permito en esta parte mencionar a la capilla de santa Bárbara la Grande (inicio del camino hacia el Norte), San Antonio (Iscayachi), Tomayapo, Villa Abecia (Camataquí) y Paicho. La división del complejo conventual fue una etapa triste de su existencia so pretexto de modernidades, que en el fondo destruían el símbolo más antiguo de la idiosincrasia tarijeña, Todas las dimensiones de lo cotidiano se plasmaron en esos espacios. La psicología de los pobladores aún mantiene al complejo conventual como símbolo de su identidad, auque la añoranza de los espacios físicos se mantiene en el tiempo.
Echaron las redes
Después de los duros años de la Guerra de la Independencia el proyecto misionero es retomado, siguiendo el trabajo comenzado por sus hermanos franciscanos del siglo XVIII. Podemos decir que el camino de las misiones en el siglo XIX retornó con nuevo ímpetu. En los documentos de Presencia Franciscana… se muestra cómo se consolidaron las relaciones entre los misioneros y los indígenas lo que les permitió fundar nuevas misiones y de esta manera conocer su territorios; desde aquí se comienza a descubrir las bondades del río Pilcomayo y su importancia en el futuro desarrollo de la zona.
El proyecto franciscano era integrador de “naciones”, pues todas los pueblos originarios del Chaco entraban en el espacio reduccional, proporcionando elementos de encuentro entre los indígenas creyentes y “los del monte”.
Por los acontecimientos vividos en el siglo XIX, la misión llegaba a ser un refugio ante los maltratos y vicisitudes que se originaban desde las haciendas. La creación del vicariato de Cuevo fue el paso al siguiente momento de vida eclesial de los fieles de la zona del Chaco, esto en la dinámica de encuentro de “naciones”. Es claro que las autoridades políticas tomaron en cuenta el proyecto misionero tan sólo para proyectar la nueva organización del territorio y su proceso de administración hasta la secularización de las misiones sin respeto de la legislación, que otorgaba a los indígenas las tierras, que fueron ocupadas por agentes externos a la región.
La vida del Pilcomayo
En las más decididas exploraciones del Pilcomayo siempre se contó con la presencia de un misionero, dado que eran conocedores de las diferentes lenguas de tobas, chorotis, tapietes, por haber mantenidos contactos con ellos. Se han retranscrito la del P. Giannelli de 1863, el diario del P. Giannecchini, 1882; la relación de lo obrado por los padres en la expedición de 1882, y el diario de la expedición al alto Paraguay del P. Giannecchini 1886-1987. Desde la frontera que se entendía para los blancos, los padres llegan a ser ya reconocidos como agentes del territorio del más allá. Sin embargo, la penetración exploradora causaba cambios de relaciones inter-étnicas y de guerra entre los pueblos originarios. En éstas, el P. José Giannelli fue declarado por el mismo gobierno central “pacificador de indios”.
La metáfora utilizada pero el P. Lorenzo al presentar esta parte es la de “más allá de los confines patrios”, la que muestra sutilmente la mentalidad de la época en relación a la compresión imaginada del territorio, pues sólo los exploradores llegaban a comprender las dimensiones del inmenso Chaco. El propósito de las exploraciones era llegar a Asunción del Paraguay.
Estas expediciones en la obra del P. Lorenzo son presentadas en su totalidad y sabiamente ha ilustrado con una bella secuencia fotográfica, tomada desde una avioneta por la Comisión Europea encargada del Proyecto “La cuenca del Pilcomayo”. Las imágenes muestran la grandeza e inmensidad del chaco, dividido por el curso del río Pilcomayo. Las dificultades se referían siempre al clima, a las altas temperaturas, (sofocantes en la época de verano), la ruda vegetación, la escasez de agua y los implacables mosquitos.
Insurrecciones guaraníes
Los 9 documentos de esta parte de Presencia Franciscana… nos muestran dos momentos de vital importancia en la vida de las misiones: el primero, la confrontación bélica y el fin de la actividad reduccional, que provocó el pase de la administración religiosa a la civil.
La primera está presente en la memoria colectiva como Curuyuki 1892, que más allá de ser la denominación de un lugar, representa el momento de más humillación del pueblo guaraní. Los acontecimientos fueron provocados por la ocupación de las tierras de parte de los blancos. La geografía guaraní y las misiones eran contrapuestas a la nueva incursión de secuencia de fortines militares que con hostiles acciones acosaba al universo chaqueño, desde Chuquisaca, Tarija y Santa Cruz.
En este contexto se construye la figura del Tumpa, que surge como símbolo de la identidad guaraní. Su fuerza nació desde la misma concepción mesiánica de la búsqueda de la “tierra sin mal” en contra de las situaciones de explotación y esclavitud del momento.
La nobleza de un pueblo se refleja en este texto “De todos estos sufrimientos le ha venido la rabia que tiene a los caraises porque estos si han sido malos con nosotros pero no los padres que siempre dan en los pueblos comida i servicios y no dejan de que los caraises nos acaben a todos que es lo que quieren. No ai uno que se queja de los padres ni el tumpa se queja, no dice nada mal contra US [Uds.] solo de los que les quitaron sus tierras a la gente i matan por el gusto de matar i robamos nuestras cosas, dice que les va pedir a los padres que le ayuden a el para que los caraises devuelvan a la gente lo que quitaron, que si no es de a buenas será de a malas i ellos serán los responsables de lo que pase”.
La segunda temática de esta parte es la secularización de las misiones que es el paso del régimen misional a la nueva administración del estado sobre los territorios de misión atropellando el proceso de encuentro de naciones, llevando a una “ciudadanización” de los guaraníes que regulaba el famoso reglamento de misiones, movido en el fondo por una “ideología de patria” que en él buscaba aprovechar la prosperidad alcanzada y la estabilidad socio económica de las misiones y no espacios de encuentro, proyecto defendido por los Colegios de Propaganda Fide, que mostraban una clara visión escatológica.
La ruta de la fe
La famosa ruta de la fe fue trazada ya desde los primero años de la presencia de los franciscanos, desde el documento de las Capellanías 1626-1760 (Tomo III, 1) y ahora en la documentación de las misiones entre fieles 1778-1917 (Tomo V, 1), en esto se debe incluir el mapa del P. Alejandro María Corrado que muestra los caminos recorridos por los misioneros, se aprecia cómo los padres franciscanos habían estructurado las ruta de la fe para los fieles y los infieles.
Se debe a presencia y atención, continua en el tiempo de franciscanos, las múltiples devociones de las comunidades pues la metodología del Manual de Misioneros sella en la cultura popular el hondo sentido cristiano marcando cotidianeidad de la vida.
Las misiones entre fieles se realizaba en medio de múltiples incursiones que estratégicamente fueron elaboradas para poder dar unidad y sentido a los conjuntos poblacionales. Las coordenadas culturales del “universo chapaco”, como denominativo a la cultura de los pobladores de los valles del sur, se debe a la actividad y presencia de los padres franciscanos del Colegio de Propaganda Fide de Tarija. Pues, en cuatro siglos han sido la única institución sólida y persistente en “tiempos largos” que ha dejado huella en el alma de sus pobladores y su cultura.
Vivencias compartidas
Saber cómo vivían y que sentían en el día a día en Tarija ha sido un mito que ha llevado a plantear muchas teorías, Presencia franciscana… ha revelado el cotidiano vivir de Tarija desde 1879 a 1937, son 58 años de acontecimientos relatados desde la simplicidad de las celdas del convento, en una clara interrelación de personas y acontecimientos que tejen vivencias compartidas. No se puede dejar de mencionar el Boletín Antoniano como voz pública del sentir franciscano hacia la ciudadanía.
Debemos hacer presente en esta sección de cronólogos, transcriptores de “hechos”, al P. Alejandro María Corrado, Gervasio Costas, con escritos de carácter pedagógico y al P. Manuel Lauroa, de perfil muy eclesiástico. Estos nobles frailes han puesto un nuevo estilo en las letras conventuales; los “anales” han asumido, posturas ante las situaciones, desde perspectivas pedagógicas, apologéticas, con una clara atención a las circunstancias han vislumbrado desde lo cotidiano el porvenir de los nuevos tiempos.
Desde estas paginas de los anales se trasluce el caminar ´œntimo de la Iglesia, sus logros en dimensiones de evangelización, sus pesares ante los ataques de los anti-eclesiales y la difícil relación Iglesia- Estado. Mostrándonos una apreciación simple de acontecimientos.
La historia en poesía
Desde sus silenciosos estudios preparatorios para la obra Nación Chiriguana , el P. Lorenzo en estos años vino encaminado, en el cumplimiento de una promesa hecha a Don Gunnar Mendoza, “la elaboración posterior que incluya también las fuentes manuscritas”, es sin duda Presencia franciscana… misión cumplida y promesa saldada.
Nadie puede acercarse a las páginas de Presencia Franciscana… sin antes pasar por la introducción del P. Lorenzo, pues ella tiene un claro sentido de la historia que va desde una perspectiva de “tiempos largos” tomando a la historia como “Magistra Vitae”, maestra de la vida. En estas páginas el leguajes es magistral para ilustrar, por medio de notas poéticas y los sucesos, porque desde las metáforas vislumbramos el sentimiento de los hechos y la construcción de acontecimientos porque se va desde “un comienzo sin fin”, seguimos por “tormentas” al “más acá y al más allá de Palos Blancos” hasta “cuando muere el Pilcomayo” pasando por las “escrituras recónditas” y seguir en la historia “fuertes en la tormenta”, El P. Lorenzo construye una métrica que lleva a compresiones directas de las realidades.
En la Introducción contextualiza los hechos donde resulta un horizonte más amplio. La relación es entre cantidad de documentos del archivo y la selección de 269 documentos (sin incluir las biografías que suman 330).
Los trabajos del P. Lorenzo sobre la realidad misionera del Colegio Franciscano de Tarija empezaron en la universidad Antoniana (Roma) en 1967, compilando una bibliografía sobre el chaco boliviano. Siguió siempre con el mismo interés hasta nuestros días.
En una dedicación que el mismo Don Gunnar Mendoza, gran historiador y Director del Archivo y Biblioteca Nacionales (Sucre), calificó con la expresión escrita, en la presentación de autoría del P. Lorenzo ( Nación Chiriguana… ) que él “se acerca con amor de compresión científica” al contenido de la historia chaqueña y con un hondo sentido de la historia boliviana.
Tarija, 4 de Julio 2007.
Lic. Manuel Gómez Mendoza